20 años después del terremoto más devastador en la historia de Colombia

Sobrevivientes del sismo recuerdan cómo ocurrió la tragedia que acabó con la vida de 800 personas.

¿Qué posibilidades hay de que ocurra otro terremoto fuerte en armenia?

El dramático relato de dos hermanas que nunca abandonaron la zona más devastada por el terremoto

Sandra Milena y su hermana menor sobrevivieron a la tragedia que enlutó a Armenia. Vivieron en cambuches para defender su barrio y en la actualidad viven juntas en el sector.

Cada vez que Sandra Milena Restrepo Buitrago se cruzaba con su madre en su vivienda, ubicada en el barrio Brasilia Nueva, sur de Armenia, se repetían una frase: “Hoy te veo y en cinco minutos no te vuelvo a ver”.

La última vez que intercambiaron esa cómplice frase fue al mediodía del 25 de enero de 1999, una hora y 15 minutos antes del terremoto que sacudió al Eje Cafetero dejando 1.171 víctimas.

“Me duele recordar esa frase –comenta Sandra Milena–; porque de verdad fue la última vez que la vi, nunca más supe de ella y aún me duele como si hubiera pasado hace poco”.

Brasilia fue uno de los barrios más afectados por el sismo de 6,5 grados en la escala de Richter que durante 28 segundos estremeció al Eje sobre la 1:19 de la tarde de aquel lunes.

Este tranquilo sector, que fue la última obra entregada por el extinto Instituto de Crédito Territorial en agosto de 1985, se desplomó, según testimonios de sobrevivientes, como si de fichas de dominó se tratara.

Ese día, Sandra Milena, su mamá, su abuela y su hermana menor se encontraban en la vivienda. Habían terminado de almorzar y Sandra subió al segundo piso.

“Nunca más supe de ella y aún me duele como si hubiera pasado hace poco”.

“Yo escuché un zumbido –recuerda Sandra Milena–; después se cayó todo, yo solo recuerdo eso, todo fue muy rápido y primero pensé que solo mi habitación se había desplomado, no entendía nada”.

Aprisionada por una pared, Sandra, en aquel entonces con 21 años, trataba de buscar a alguien que la ayudara, pero no veía la casa de al lado. De su hermana y las otras dos personas que había en su casa no había señales de vida.

-¡Auxilio! Llamen a los bomberos –gritó Sandra–.

-Los bomberos no están, fueron los primeros en morir –respondió un vecino–.

Con una soga y la ayuda de dos personas más, vecinos lograron sacar a la joven de los escombros con una pierna lastimada, pero intacta tras el desplome de su vivienda. De su hermana, su madre y su abuela no tenía noticias.

En aquel entonces, el barrio era conformado por 12 manzanas, cada una con 30 casas. En total, vivían 347 personas y murieron 103, aunque habitantes del sector señalan que alguna vez se realizó un conteo de las víctimas y se alcanzaron a contar 200.

Hernán Ramirez Contreras, actual presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC), asegura que al llegar al barrio tuvo que caminar por los tejados de las viviendas. Tuvo que seguir los guaduales que crecían en la zona para poder ubicar su casa.

En pocos segundos el sismo arrasó con construcciones nuevas y viejas de la capital de Quindío. Muchos quedaron destruidos y decenas de carros sepultados. Foto: Archivo EL TIEMPO.

“En el camino –cuenta Hernán–; me marcó mucho ver vecinos y a los amigos de mis hijos degollados, mutilados y heridos. Eran un montón de voces pidiendo ayuda, se escuchaban muchos lamentos. Son cosas que no puedo sacar de mi cabeza aún”.

Una vez afuera, Sandra Milena asegura que sus familiares de otros barrios empezaron a llegar a la zona donde otrora estaba su casa y trataron de buscar juntos a las tres mujeres que aún permanecían bajo los escombros.

Era tal el estado de terror que cuando los helicópteros empezaron a sobrevolar el barrio para ayudar en las labores de rescate, la comunidad les pedía que se alejaran porque hacían rugir la tierra.

Sobre las 3 de la tarde pudieron encontrar a su hermana en medio de los escombros. Estaba enterrada y solo atinó a decir que tenía sed.

Al pie de los escombros, Sandra Milena le daba de beber agua a su hermana. De su mamá y su abuela aún no se sabía nada.

“Volvió a temblar, eran como las 5 de la tarde y ese movimiento hizo que se cayeran otras casas. Mucha gente murió en ese segundo temblor porque habían regresado por sus cosas”.

“Y después vino lo peor –asegura Sandra Milena–. Volvió a temblar, eran como las 5 de la tarde y ese movimiento hizo que se cayeran otras casas. Mucha gente murió en ese segundo temblor porque habían regresado por sus cosas”.

El segundo temblor del que habla Sandra Milena ocurrió a las 5:40 de la tarde, fue una réplica de 5,4 grados. Aun así, la comunidad seguía al pie de los escombros, buscando a sus familiares, rescatando lo poco que había quedado de lo que alguna vez llamaron hogar.

A las 7 de la noche, los rescatistas lograron sacar de en medio de los escombros a su hermana. Estaba mal herida.

“De inmediato nos llevaron al hospital –señala Sandra–; como mi hermana estaba tan golpeada la enviaron en un avión Hércules a Bogotá. Yo quiero, de verdad, decir esto: nosotras vivimos muy agradecidas con Bogotá por la atención que le dieron a mi hermana en el Hospital San Juan de Dios”.

Según cuenta Sandra Milena, el agradecimiento de ella y su hermana con el Hospital San Juan de Dios de Bogotá es tan grande, que ambas se lamentaron al enterarse, hace 17 años, del cierre del lugar.

Expertos señalan que hay altas probabilidades de que se repita un sismo como el de hace 20 años.

Como lo hizo meses antes del terremoto de 1999, el geólogo y miembro de la Academia Colombiana de Ciencias, Armando Espinosa Baquero viene advirtiendo por estos días sobre la recurrencia de los sismos en la región. Su propósito no es generar pánico, como piensan algunos, sino que la comunidad esté prevenida, que tenga sus propios planes de contingencia y que investigue sobre el terreno donde adquiere sus planes de vivienda.

Según el geólogo, que en los últimos años ha realizado estudios detallados del sistema de fallas que atraviesan el Quindío y sus alrededores, “hay un patrón de sismicidad en la región y no lo podemos olvidar”.

Advirtió que hay dudas sobre algunos terrenos de la capital quindiana en los que se construyó pese a que la ciudad aún no tiene el estudio de microzonificación sísmica que debe actualizarse desde hace años, pues el primero de este tipo se elaboró en el 2000 y se logró gracias a recursos donados por organizaciones internacionales.

Siguen existiendo dudas sobre los llenos (como en el barrio La Brasilia, que quedó destruido) que fueron los terrenos más afectados con el sismo pero ahora se han ocupado zonas nuevas y no sabemos cómo se van a comportar ante un sismo”.

Hugo Monsalve, docente e investigador de la facultad de ingeniería de la Universidad del Quindío, la actualización no se ha realizado porque la Administración manifestó no contar con los recursos necesarios para la implementación de las normas actuales de construcción con sismorresistencia.

“Armenia tiene que cumplir, porque muchas edificaciones no han tenido en cuenta estos detalles actualizados de la microzonificación, pero ya la Gobernación del Quindío señaló que se haría cargo”, explicó Monsalve.

El acuerdo al que se llegó a través de la Gobernación consiste en aplicar recursos por regalías para que en Armenia se pueda actualizar el POT con las normas de microzonificación y también realizar estudios de zonificación indicativa en los restantes 11 municipios del departamento.

“Armenia tiene que cumplir, porque muchas edificaciones no han tenido en cuenta estos detalles actualizados de la microzonificación”.

¿Puede ocurrir un nuevo terremoto?

Hace dos décadas, Espinosa adelantó un estudio histórico que tuvo en cuenta datos históricos e informes hallados en la prensa de la época. “Vimos que cada 20 o 25 años habían ocurrido con bastante regularidad, en (23 de noviembre) de 1979 y antes fue en (30 de julio) de 1962 y antes en (4 de febrero) 1938, en todo el siglo XX hubo una frecuencia de más o menos 20 años. En daños estos sismos fueron muy parecidos al de 1999. Se conocen bien esos sismos, lo que pasa es que la gente los olvida”.

En Armenia, muchos recuerdan que precisamente, antes del terremoto, escucharon acerca de estas investigaciones pero no prestaron atención. “Tres meses antes salió una nota en el diario local, y de hecho ese tema lo publicaron al menos dos veces en 1998, porque yo dicté una charla en la Sociedad de Ingenieros del Quindío y de ahí tomaron la información. Se ha tratado de mantener un poco informada a la gente sin que se asuste pero a veces se crea pánico, y no es lo que se busca”.

Desde hace años, el director del Observatorio Sismológico de la Universidad del Quindío, el ingeniero Hugo Monsalve, también viene informando sobre las probabilidades de un nuevo sismo, al igual que lo hizo en 1998. Sus afirmaciones no son pronósticos, ni vaticinios sino el resultado de un análisis de probabilidades de ocurrencia de eventos, como el que realizó antes del sismo de 1999.

Monsalve y su grupo de investigación adscrito a la universidad, de hecho tienen un estudio llamado ‘Potencial sísmico de la zona de subducción en el Quindío y Risaralda’ que referencia los sismos de los últimos 42 años.

El ingeniero explicó que, por ejemplo, se tomó una ventana de tiempo entre el 2005 y 2015, “Estos sismos de subducción (más profundos) son los que estamos esperando que se puedan llegar a presentar en la región”.

Monsalve enfatizó que es una observación de probabilidad, “no es una certeza, ni estamos poniendo una fecha, quién diga el día y la hora de un sismo está mintiendo y son especulaciones. Lo que nosotros hacemos con este tipo de trabajos es advertir a la población para que esté preparada para estos eventos”.

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