“Nunca nos buscamos para juzgarnos ni señalarnos”: hija de Carlos Lehder

Mónica Lehder y Jorge Lara, hijo de Rodrigo Lara Bonilla, unieron sus fuerzas para mostrarle al país ejemplo de reconciliación. Los invitan a conferencias para contar su experiencia y abogan para que...

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Mónica Lehder y Jorge Lara, hijo de Rodrigo Lara Bonilla, unieron sus fuerzas para mostrarle al país ejemplo de reconciliación. Los invitan a conferencias para contar su experiencia y abogan para que la hija del narcotraficante pueda despedirse de su papá.

Hija de Carlos Lehder e hijo de Rodrigo Lara Bonilla se reconcilian  foto Alejandro Muñoz

Gracias al hijo de Pablo Escobar, Mónica Lehder, hija del narcotraficante Carlos Lehder, y Jorge Lara Restrepo, hijo de Rodrigo Lara Bonilla, pudieron verse las caras y formar una alianza entre ambos para demostrar que la reconciliación es posible. Ahora, viajan a dar varias conferencias sobre el tema y sobre lo que sus padres significaron para la historia de Colombia y su conflicto.

Jorge Lara dice que muchas veces sintió venganza y odio, pero que el sentimiento por acercarse a la reconciliación fue opacando su sed. Ahora, se ha vuelto un apoyo para Mónica Lehder para que pueda ver a su padre una vez más, algo que el mismo llama es una exigencia de humanismo al gobierno gringo.

SEMANA: ¿Cómo conoció a Carlos Lehder?

Mónica Lehder: El primer contacto con mi padre fue cuando era muy pequeña, por lo cual recuerdo muy poco. Solo recuerdo a un padre amoroso, y sentí ser una hija deseada. Ya cuando tengo uso de razón, cuando lo veo físicamente, él fue extraditado. Fue cuando tenía 4 años. Y lo volví a ver cuando tuve 10 años, en ese tiempo de ausencia su amor fue fomentado por mi mamá y por el contacto que teníamos por medio de cartas. Todavía conservo muchas cartas de él, en ellas siempre me habla de nuestro futuro, me escribía cómo debía comportarme, que debía estudiar mucho. Él me enseña el respeto hacia mi mamá. Y siempre me dibujaba paisajes y animalitos.

SEMANA: ¿Cómo surgió esa relación de amistad entre ambos?

M.L.: Conozco a Jorge Lara por medio de Juan Pablo Escobar, el hijo de Pablo Escobar que hoy se llama Sebastián Marroquín. A Juan Pablo lo conozco hace dos años. Él quería hablar conmigo y me buscó por medio de su editorial, me contactaron porque tenían un proyecto y así nos acercamos. Y Juan Pablo me comenta la misa en Cartagena a la que fue con Jorge cuando el papa estuvo aquí. Me contó de la relación de amigos y él me habló de Jorge, Jorge me contacta por medio de Juan Pablo.

SEMANA: ¿Y esos primeros encuentros cómo fueron?

M.L.: Fue de alguna manera natural, así suene difícil de creer, porque desde su perspectiva uno pensaría que no es que quieras contactar a los hijos de quienes mataron a tu padre. Pero surgió una amistad, supimos valorarnos como seres humanos, y como víctimas de un conflicto del que no quisimos ser partícipes, quisimos abandonar el perdón. Y decidimos salir de ese parámetro.

Cuando Jorge me contacta lo primero que me dice es que ha estado muy al tanto mío y de mi papá y que le parece inconcebible que no lo pueda ver y que me quiere ayudar y se quiere sumar a la lucha.

SEMANA: ¿Cuál fue el verdadero momento del perdón?

M.L.: Pienso que desde el momento que nos contactamos ya había reconciliación, porque te das cuenta de lo que quieres hacer, nunca nos buscamos para juzgarnos ni señalarnos. Desde el contacto ya existe esa paz. Yo tengo 35 años, Jorge perdió a su padre hace 34, llevamos toda una vida trabajando en este perdón. Entonces es algo que se hace desde muy adentro. Se fue dando solo de alguna manera. Ya estaba sano el corazón. Nuestra vida ha sido tan dolorosa que sabíamos sin conocernos cómo había sido la historia del otro.

SEMANA: Usted conoció a su padre a los 10 años cuando vivió en Estados Unidos…

M.L.: Fue volverlo a conocer, tenía una ansiedad de niña, como de conocer a un héroe o a su artista favorito, a ese papá Noel o a ese Niño Dios que los niños creemos que vamos a ver. Para mi conocerlo fue un regalo de Dios, eran muchas ansias de verlo. Viajamos mucho para vernos con él, lo esperamos varias horas. Me sigue haciendo mucha falta, era una niña ansiosa. “Lucia, llegaste hasta aquí por mí”, fue lo primero que me dijo.

SEMANA: Y a los 12 volvió a Armenia con la promesa de que les darían visa

M.L.: Que nos otorgaran los permisos por medio de protección de testigos era lo complicado, que el programa nos lo permitiera ver. Decidimos volver al país, Escobar ya había muerto, sentimos que el peligro ya pasaría, era un peligro que no existía más, por eso decidimos regresar, con la promesa de que tendríamos visa constantemente pero eso nunca pasó, han pasado 23 años desde que nos devolvimos y en esos 23 años solo lo pude ver una vez.

SEMANA: Mucha gente pensará lo contrario, pero usted siempre ha dicho que su familia no tiene ni un peso del narcotráfico…

M.L.: Primero nosotros aparte de que no hemos sido beneficiados nunca de esa fortuna de mi papá, porque no existe para nosotros, cuando ese gran capo desaparece su plata también lo hace. Entre abogados, testaferros y extinción de dominio se fue. Y pues a mí me ayudó mi mamá y su familia que es una familia común y corriente, ella por medio de sus banquetes y manualidades y yo en el mundo del comercio, tuve mi taller de confecciones, luego trabajé en una empresa de nutrición y hace un año decidí juntar el arte y la espiritualidad y mi servicio social, y creé una marca de accesorios religiosos. Y amo ese proyecto porque esta marca se desarrolla en la cárcel de Armenia y capacita a mujeres, se da un taller y una evangelización. Me parece un cambio que hay que dar porque a los colombianos no nos duele el dolor del otro.

SEMANA: ¿Cómo fue la última vez que lo vio?

M.L.: Fue hace 15 años, viajé al norte de Estados Unidos donde él se encontraba, esa niña que él había visto había desparecido y ahora era una mujer de 20 años, para él fue una impresión intensa, fuerte y un choque abismal, todavía me sigue viendo como una niña pequeña y ver que su hija había crecido fue una cosa muy dura, y le ha tocado asimilar eso. Fue un viaje muy largo, pero fue con esa misma emoción que viví la primera vez.

SEMANA: Respecto a la historia, ¿se ha dejado contagiar del Carlos Lehder que aparece en las series y en los libros?

M.L.: No aciertan en nada, estoy en contra de esas narco series, me parecen que son una gran problemática de nuestro país, acabo de venir de México porque nos invitaron tres fundaciones y el problema no es solo en Colombia sino a nivel mundial. Se ha elevado la glorificación que le dan al narco, es absurdo lo que muestran, soy creyente de que si mostraran la verdad ese auge no sería posible, son imágenes erradas y pienso que tanto el país como la sociedad debe exigirle a los medios más respeto hacia nosotros. Pues muchos se escudan en “mostrar una historia para no repetir” pero no lo muestran de la manera adecuada, en las conferencias en las que hemos estado uno pregunta quién ha visto narco series y puedo decir que el 90% levanta la mano y no es justo que en un país que vivió tanta guerra se vea ese auge, eso es responsabilidad de los medios. Lo que vi no tiene nada que ver con esa falsa realidad, no excuso a mi padre, no puedo esconder el hecho de que él era parte del cartel de Medellín pero eso no quiere decir que tengan el derecho a usar esas historias para dañar a la sociedad.

Fuente: Semana

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